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Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:1-16

Este pasaje nos ayuda mucho para que entendamos como podemos ver el reino de Dios y como podemos obtener la vida eterna. Pero al principio de esta historia, también nos dice de las personas que no entrarán al reino de Dios.

Nicodemo era un hombre de los Fariseos. Es decir, era un hombre religioso. El creía que la Biblia era la palabra de Dios. Pero ¿Qué le dijo Jesucristo? ¿Le dijo que entrara en el paraíso? No, Jesús le dijo que necesitaba un cambio, un cambio de alma, un cambio de corazón. “El que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.” Jesús no lo alabó por su religiosidad, ni sus diezmos, ni su asistencia al templo. Jesús le contestó que era necesario un cambio. Le dijo que era necesario que fuera hombre nuevo. Y cuando Jesús le salva, es lo que pasa. El crea un hombre nuevo, un alma justificada que puede conocer a Dios.

En versículo 5, Jesús le dijo a Nicodemo que era necesario nacer de agua y el Espíritu. En este versículo, Jesús mira detrás al Antiguo Testamento, al libro de Ezequiel. En el capítulo 36 de Ezequiel, el profeta habló de este nacimiento de nuevo. Dios nos prometió que nos daría su Espíritu Santo, que nos limpiaría de todos nuestros pecados. Jesucristo le dijo a Nicodemo que sí Dios no le limpiara y no le diera su Espíritu, la persona no vería el paraíso.

Pero ¿Cómo podemos ser nacidos de nuevo? Es una cosa que hace el Espíritu, y es por medio de la cruz de Jesucristo. “Es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.” Es por nuestra salvación, por nuestra vida que necesitaba Jesucristo venir al mundo e ir a la cruz. Y porque Jesús pagó el precio de nuestros pecados, nosotros podemos estar en la familia de Dios, amigos de Dios. Merecemos la ira de Dios, pero Jesús la tomó cuando sufrió en la cruz. Y por eso podemos ser perdonados de nuestros pecados.

Pero, ¿Qué es necesario que yo haga? Leímos otra vez los versículos 14-16.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

¿Quien tendría la vida eterna? Los que creen en Jesucristo. La Biblia no dice que todos que tienen el nombre “cristiano” van al cielo. No dice que los que son muy religiosos, como Nicodemo, van al cielo. Dice que los creyentes en Jesucristo que han nacido de nuevo obtienen la vida eterna.

Y usted, ¿qué va a hacer? ¿Va usted a seguir rezando, asistiendo la iglesia para aumentar a sus hechos buenos? No vale nada sin el nacimiento de nuevo. ¿Va a creer en sí mismo, en sus propios hechos para ir al cielo? No hay persona que merezca la vida eterna. Dice el libro de Romanos capítulo 3 que todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios. El único en el que debemos confiar es Cristo Jesús. “Porque de tal manera amó Dos al mundo, que dio a su hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, más tenga vida eterna.”